Como Mantener tu Sanidad en el Silicon Valley

Puedo decir con orgullo “he sobrevivido el Silicón Valley”

Y lo digo porque  he aprendido a resistir la tentación poder, status y dinero que son tan seductoras, en esta parte del mundo, pero que poco a poco pueden aniquilar tu espíritu.

Y quiero compartir contigo como es que lo he aprendido en esta aventura

El Silicón Valley o Valle del Silicio, como quieras llamarle,  es sin duda un centro de invención, innovación y creatividad de los Estados Unidos, y quizá del mundo entero. Compañías exitosas como Google, Yahoo!, Facebook, Apple y por su puesto Linkedin, entre muchas otras han sido creadas en esta región de California.

El Silicón Valley es como el Hollywood de la tecnología e innovación. Si Hollywood es la meca de los actores y actrices, el Silicón Valley es la meca de los inventores, ingenieros, emprendedores, inversionistas, y los que logran el éxito son tratados como celebridades y pero también, como en Hollywood, el costo de la fama puede ser muy alto.

En el Silicón Valley se respira un aire de constante presión, estrés, ansiedad. Es común ver a las personas corriendo de un lado a otro, y en sus rostros dibujados la prisa, la angustia. Yo lo he sufrido esa presión, estrés, pánico, angustia, muchas veces, más de lo que me gustaría reconocerlo. Sin embargo las cosas han cambiado desde que me ocurrió algo que cambio dramáticamente mi vida y mis prioridades, y quiero compartirlo contigo querido lector

Hace algunos años me encontraba sometido a un régimen intenso de trabajo, presión, estrés y ansiedad que me estaba matando física y mentalmente. Y si bien estaba logrando “el éxito profesional” como director de una organización publica, con un buen salario, con poder e influencia, sin embargo impacto en mi salud física y mental era evidente.

No podía dormir, sin antes tomarme un par de cervezas o un par de copas de vino tinto.

El estrés y la ansiedad se estaban convirtiendo situaciones normales en mi vida. Y mi respuesta era lógica: “bueno es normal que sienta la presión, y el estrés, después  de todo vivo en el Silicón Valley, y si quiero tener éxito en este bello lugar debo estar dispuesto a pagar el precio”.

Un noche de sueno irregular y de constantes despertares nocturnos, muy por la mañana de manera extraña pude conciliar  un sueño profundo. Durante el sueño  oí una voz lejana que me decía: “necesitas descansar, este ritmo te está matando”.  Por la mañana, al despertar, me dirigí a mi trabajo como de costumbre sin darle importancia a la voz de mi sueño.

Sin embargo me sentía molesto conmigo mismo porque muy en el fondo sabía, que la voz de mi sueño, tenía razón.

Pero relajarme y descansar eran lujos que no me podía permitir, me decía a mí mismo. Después de todo, el éxito o  fracaso de mi agencia dependía solo de mí, y pensar en ello me  provocaba una mezcla rara de orgullo, arrogancia y de profundo pánico.

Los días y semanas pasaron, y yo seguía con mi ritmo frenético de trabajo. Pronto comencé a sentirme muy fatigado,  nervioso y e irritado todo el tiempo. Y sabía en el fondo  que mi cuerpo me estaba tratando de decir algo, pero yo me negaba a escucharlo.

Después de mucho esperar fui al médico. El médico ordeno unas pruebas de sangre y los resultados indicaron, como era de esperase, que mi colesterol, presión arterial, y niveles de glucosa en la sangre estaban extremadamente muy elevados. Mi doctor me dio un ultimátum, y me dijo “Raúl, o haces algo para bajar de peso, bajar tus nivel de colesterol  y presión sanguínea o tendrás serios problemas cardiovasculares”.

La voz de mi sueño, los síntomas físicos y mentales y ahora el doctor,  me estaban mandando un mensaje claro y contundente: “Raul, estas muy cerca de un paro cardiaco”.

Muy de mala gana decidí tomarme unas vacaciones y visitar a mi familia en México.

Como de costumbre, decidí pasar los primeros días de mi viaje con mi familia, en  la Ciudad de México y así disfrutar de la calidez, la comida y de la compañía de mis padres hermanos, sobrinos y algunos amigos de la infancia.

A pesar de la compañía grata de mi familia, y de estar de vacaciones, no podía dejar de pensar mi trabajo y en los reportes que deje si hacer, los pendientes y  todas las responsabilidades de mi agencia en California.

Me encontraba en México rodeado de mis seres queridos y sin embargo mi mente, seguía  en California.

Aun con  mi mente llena de preocupaciones por mi trabajo, decidí irme a Cuernavaca,  a pasar algunos días en una propiedad rural  de mi hermano mayor, en un pequeño poblado  llamado Xoxocotla.  Xoxocotla es un lugar lindo tranquilo, con un clima precioso y personas muy amables localizadas como a 100 kilómetros de la Ciudad de México.  Xoxocotla, es el lugar perfecto para descansar y relajarme,  me dije.

Ya en Xoxocotla, estando rodeado de tanta belleza natural, tranquilidad y gente amable, todavía mi mente estaba  enfocada en California y  por más que lo intentaba no lograba sacar de mi mente,  las responsabilidades, los problemas, y los pendientes que deje atrás. Y lo que peor es mientras más trataba de eliminar mis pensamientos de preocupación, más se hacían fuertes, más reales, impidiéndome disfrutar del momento.

Después  de varios días en Xoxocotla,  de repente se me ocurrió algo: “si no estoy en California físicamente, y sigo preocupado por mi trabajo, no es “lo que está afuera” lo que me preocupa, estraza, y me provoca pánico. Soy yo quien sigue inocentemente  reproduciendo esos pensamientos de preocupación, y estrés. Soy yo quien sigue dándoles atención, y alimentándolos, aun aquí en Xoxocotla.  Soy yo quien ha permitido que me persigan hasta este lugar tan bello, y que me arruinen mi viaje, mi vida”.

Este pensamiento, aunque simple, me dio tranquilidad porque me di cuenta de que era yo mismo, con mis propios pensamientos el que estaba creando tanta preocupación y estrés innecesario en mis vacaciones.

Pero aun  después de esa realización seguía sin poder descansar  mi mente.

Una mañana, mientras estaba sentado a la orilla de un fresco arrollo, y  cansado de no  poder relajarme, se me ocurrió la idea de jugar a no darle atención o alimentar ningún pensamiento que me distrajera de disfrutar la tranquilidad que sentía al estar en el arroyo.

Y descubrí que al no poner atención a mis pensamientos de preocupación, por unos instantes continuaban, merodeando en mi  cabeza hasta que  poco a poco se desvanecían, y desaparecían. Y así yo podía enfocarme y disfrutar la belleza del momento.

Lo  curioso es que más tarde los pensamientos de preocupación regresaban a mi mente, pero si yo no les ponía atención, estos se mantenían por un momento en mi mente, y después desaparecían.

Pasó el tiempo, y para mi sorpresa, me comencé a sentir más tranquilo, más relajado, a dormir más y a sentirme más descansado por las mañanas.

Y así fue que continúe “practicando” no darle atención ni alimentar mis pensamientos de preocupación, y a enfocarme en disfrutar del momento.

Y lo que es más aun, decidí no darle atención, hasta a aquellos pensamientos benignos pero demandantes tales como: “debería levantarme temprano y disfrutar del amanecer” “el clima es genial, debería aprovechar y dar una caminata por la vereda esta mañana  “debería levantarme temprano y prepara un buen café” “debería comenzar  a  trabajar en mi proyecto del libro escribir en estos momentos que me encuentro relajado”

Y como te imaginaras, al inicio, esto no fue tan fácil porque estaba a acostumbrado a “hacer lo que me decían mis pensamientos” pues pensaba: “Si es mi mente que me lo dice, y si lo pienso es por mi bien y por lo tanto debo sentir y hacer lo que me dice.”

Pero esta vez ya no; esta vez, decidí solamente observar mis pensamientos, y dejarlos ir como nubes de paso, sin actuarlos, sin hacer lo que me decían.

Y sucedió algo mágico, una vez que deje de darle atención a mis pensamientos de preocupación, se iban y como por arte de magia podía así disfrutar de la belleza me rodeaba, los colores, los olores frescos, los aromas, la belleza de la  gente, la frescura del viento sobre mi rostro.

Una belleza que siempre había estado ahí, pero que yo  no podía ver, o sentir porque mi mente había estado en otro lugar todo ese tiempo.

Parecía como si mis sentidos se hubieran desintoxicado y estaban más claros, más limpios, y permitían ver y sentir la belleza extraordinaria que me rodaba.

Como por arte de magia puede ver mi vida con mayor claridad y perspectiva y comencé a tener pensamientos claros, nuevos, frescos acerca de mi vida, mi familia, mi trabajo y profesión.

Pensé en mi salud,  y en la importancia de mi bienestar y felicidad aún muy por encima del llamado el éxito.  Pensé en lo que realmente importa: familia, mis amigos, y de la importancia de otras personas de mis valores personales, aun por encima del éxito material.

Experimente profundo sentimiento de paz, tranquilidad y un amor profundo por la vida, y sobre todo por mi vida.  Me sentí enamorado de la vida, y con un deseo de vivirla  y disfrutarla plenamente.

Me sentí un hombre nuevo, renovado, con un gran deseo de vivir, inspirado.Sentí tanto amor, vitalidad, paz, serenidad que hacia muchísimo no experimentaba.

Todo era perfecto, todo era fantástico hasta que pensé, “Raul es tiempo de regresar a California” es mejor que comiences a preparar tu equipaje.

A mi regreso a California, fui recibido con una lista interminable de cosas por hacer, proyectos inconclusos, y problemas que se fue acumulando durante mi ausencia.

Y pensé “Raul creo que fue un lindo sueno la fabulosa experiencia paz, tranquilidad mental y perspectiva la que tuviste durante tus vacaciones en Xoxocotla. Bienvenido al mundo real del ajetreo, la presión, estrés del Silicón Valley.  Lo que sentiste en xoxocotla fue solo una ilusión, un espejismo temporal, no una realidad.

Sin embargo, y para mi sorpresa,  he aprendido algo profundo: que no tengo que ir  Xoxocotla, ni a ningún otro lugar para sentir el amor, la paz, serenidad y claridad que experimente durante mis vacaciones.

Que la felicidad, tranquilidad, paz mental que experimente en Xoxocotla están en mí, y se siempre han estado mí, y las experimento cuando aclaro mi mente de la turbulencia de  mis pensamientos de preocupación, miedo, estrés.

Que aun en medio de la turbulencia, presión y estrés del Silicón Valley puedo experimentar la paz y serenidad mental.

Que es posible tomar unas “vacaciones mentales” y experimentar  el sentimiento de Xoxocotla aun aquí en el Silicón Valley en California.

Y quiero compartir lo que he aprendido contigo, querido lector.

¡Hasta la Próxima!

Raul Rojas

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